Sé Hacedor de la palabra

¡Nuevo año, nuevo comienzo!
Es normal querer preparar, ordenar y hacer planes para recibir el año con una sensación de calma. Buscamos estabilidad, claridad y paz. Pero la paz que realmente permanece no viene de tener todo bajo control, sino de caminar guiados por la Palabra y el Espíritu Santo. Este año Dios nos invita a ir más allá de las buenas intenciones: a ser hacedores de la palabra.

La Biblia nos enseña en Santiago 1:6: “Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra.”

Orar es poderoso, pero orar con fe es determinante. La fe no es solo creer que Dios puede, es confiar en que Dios lo hará. La duda nos divide, pero la fe nos alinea. Dios respalda al que ora creyendo sin tambalearse.

También nos habla en Santiago 1:22: “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.”

Escuchar a Dios es hermoso… pero obedecer a Dios lo cambia todo. No somos bendecidos por lo que anotamos, sino por lo que ponemos en práctica. El verdadero crecimiento espiritual no está en saber el plan, sino en caminar en el plan que Dios ya reveló.

Había días donde me levantaba llena de fuerza, ánimo y convicción, lista para conquistar mis sueños, sintiéndome capaz de lograrlo todo… y al día siguiente me derrumbaba en la cama, atrapada en pensamientos de temor e insuficiencia:

¿Quién soy? ¿Cómo lo haré? ¿Con qué recursos? ¿De dónde saldrá la fuerza?

Vivía en un ciclo de inconsistencia e inseguridad, parecido a esa “onda del mar” que describe Santiago 1:6. Un día avanzaba, al otro retrocedía. Un día creía, al otro dudaba. Y ese movimiento sin dirección agotaba mi alma y apagaba mi visión.

Pero después de mucha oración y espera, el Padre intervino. Trajo descanso a mi alma, se levó toda duda, silenció la ansiedad, calmó la turbación y me dio dirección clara.

Fue entonces cuando entendí que la fe no depende de lo que siento o veo, sino de lo que Dios ya dijo. Por eso la Escritura afirma: “Caminamos por fe y no por vista” (2 Corintios 5:7). Ese nuevo tiempo requería un cambio en mí: dejar de vivir gobernada por emociones pasajeras y comenzar a crecer en una fe firme y madura en Dios.

Porque la fe va más allá de lo que percibimos, es seguir creyendo en lo que Él habló, sabiendo que Él es fiel para cumplir Su Palabra. No se sostiene en lo que sentimos, sino en la certeza de que Dios nunca contradice lo que promete.

Ese encuentro con Él me reveló una verdad que lo unió todo en mi interior: “No necesito tener todas las respuestas… solo necesito caminar en la Palabra”. Y Su voz fue directa y transformadora: “Este año debes trabajar por lo que crees y por lo que te he hablado. Ya basta de planear sin accionar.”

Esa palabra encendió algo nuevo en mí: una fe que ya no solo escucha, sino que obedece. Porque planear es sencillo, lo desafiante es ejecutar; soñar inspira, pero la visión se sostiene caminando en obediencia. Y Dios no nos llama a vivir frustrados, nos llama a vivir constantes y obedientes a Él.

Por eso hoy declaro lo que la Palabra nos confirma en Santiago 1:22: No solo escucharé lo que Dios dice… lo pondré por obra. Cuando tú das un paso creyendo, Dios se encarga del resto. Tú caminas, Él respalda. Tú obedeces, Él provee. Tú te mueves, Él abre camino donde no hay.

Esta misma verdad la vemos en la historia de la mujer del flujo de sangre. La Biblia relata que ella había escuchado hablar de Jesús, y lo que escuchó alimentó su fe. No lo conocía personalmente, pero sabía lo suficiente para creer. Nada la detuvo, porque su mirada estaba fija en Él. En su corazón había una convicción firme:

“Si tocare tan solamente su manto, seré salva.” (Marcos 5:28). Y cuando Jesús la escuchó, no dijo: “Mi manto te sanó”, Él afirmó: “Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz, y queda sana de tu azote.” (Marcos 5:34).

Lo que la sanó no fue la ropa de Jesús, fue su fe en movimiento. No fue que Jesús la tocara, fue que ella creyó y actuó. Porque la fe activa el poder de Dios a nuestro favor.

Este 2026, decide:

  • Orar con fe, creyendo sin dudar (Santiago 1:6)
  • Actuar conforme a lo que Dios te ha hablado (Santiago 1:22)
  • Caminar cada día con Jesús como el centro de tu visión
  • Dar pasos de fe, confiando en que Dios completará lo que falta

No necesitas tenerlo todo claro para empezar…
solo necesitas empezar para ver a Dios obrar.

Cindy Caraballo

Recuerda: Lo que crees, lo construyes y lo que construyes en Jesús, permanece.

Oración:
Padre, gracias por un nuevo año. Hoy no solo te entregamos nuestros sueños, también te entregamos nuestra voluntad. Haznos jóvenes constantes, valientes y obedientes a tu voz. Que nuestra fe no se quede en palabras, sino que se vea en acciones. Que caminemos en tu Palabra y seamos hacedores de lo que Tú hablas. Hoy decidimos dar el primer paso, creyendo sin dudar, actuando sin rendirnos, y enfocándonos en Jesús por encima de todo. Amén.

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